Hablamos con el director y dramaturgo de Murmuración, una obra coral nacida para ‘Nebrija Escena’ un proyecto del Departamento de Artes de la Facultad de Comunicación y Artes de la Universidad Nebrija que se celebra todos los años. Busca el crecimiento de los alumnos de 4º curso a través de la creación y la experimentación de distintas obras de teatro. Nacido en Santa Cruz de Tenerife, Jorge Yumar estudió Artes Escénicas en esta misma universidad y ahora regresa como docente. Nos desvela qué le inspiró a escribir para jóvenes y cómo es el proceso de devolver lo aprendido tras años de experiencia profesional a las aulas de la misma universidad donde se formó.
Pregunta. Para empezar, hablemos de la obra. Es un texto de su autoría, ¿qué le inspiró a contar esta historia?
Respuesta. Me inspiró pensar qué tipo de obra me habría gustado hacer a mí cuando salí de la universidad. Me habría encantado participar en una obra coral, sin un protagonista único, donde todos tuvieran su momento. También quería que fuera sobre jóvenes, porque en esta profesión lo lógico sería interpretar personajes cercanos a tu edad, pero eso no siempre sucede. En las escuelas solemos hacer Shakespeare e interpretar a señores de 80 años siendo adolescentes. Son personajes alejados que no conectan con la realidad profesional que te espera fuera. Mi objetivo era escribir algo que motivara a los estudiantes y que reflejara el momento vital en el que estamos como sociedad, para que se sientan vinculados y se comprometan con el mensaje.
P. ¿Qué se siente al volver como docente a la universidad donde se formó después de estos años?
R. Es muy gratificante. Siempre tuve la espinita de la docencia porque, al haber tenido tantas dudas al inicio de mi carrera, pensaba: ‘Si alguien me hubiera dicho esto en su momento, no lo habría pasado tan mal’. No tengo verdades absolutas, porque cada camino es distinto, pero sí puedo facilitarles cosas que les ayuden en su experiencia laboral. Me hace feliz poner mi granito de arena para que sus dificultades sean un poquito menores o que, al menos, entiendan qué les está pasando cuando se enfrenten a los retos del sector.

P. Pero ahora viene del mundo profesional para trabajar con estudiantes. ¿Cómo ha sido ese proceso de adaptación?
R. Desde que llegué, decidí no tratarlos como alumnos, sino como profesionales. Les dije que, en el momento en que decides ser actor, ya lo eres. Un estudiante de primero puede hacer un casting y empezar a trabajar mañana mismo. Intento generar en ellos la confianza y la seguridad que a mí me habría gustado recibir antes de salir al mundo laboral. Yo aprendí a base de errores, desconocimiento e ignorancia. Al salir de la carrera tienes conocimientos teóricos, pero la realidad de afuera es más dura y exigente. Muchas veces, el alumno espera que le den todas las indicaciones, pero en el mundo profesional, si no tomas la iniciativa, te quedas fuera. Quiero que cuando salgan de aquí, ya sepan cómo comportarse en un entorno real, conociendo sus derechos, sus responsabilidades y qué se espera de ellos en un ensayo.
El perfeccionismo es la muerte del actor
P. Se ha desarrollado como actor, pero aquí ejerce de dramaturgo y director, ¿qué diferencia aprecia en estos roles?
R. La gran diferencia es la responsabilidad. Como actor, tienes el riesgo de equivocarte o no transmitir una emoción, pero son riesgos menores. Al escribir y dirigir una obra que critica ciertos aspectos de la sociedad actual, el riesgo es lanzar un mensaje erróneo. Es un salto a la incertidumbre. Sin embargo, en este montaje mi objetivo prioritario no es lucirme como creador, sino que los actores muestren todo su potencial. He diseñado el texto para que, si viene un representante o un director de casting, pueda ver su talento.
P. ¿Ha habido alguna obra de teatro o algún espacio concreto que haya definido su deseo de dedicarse a esto?
R. Me ha pasado varias veces, por suerte. Cuando llegué a Madrid no había visto mucho teatro y las comedias comerciales no me llamaban la atención. Pero de repente descubrí montajes en el Teatro Español y en Matadero que me fascinaron, como Cuando dejé de llover, de Julián Fuentes Reta. También me inspira muchísimo el teatro inglés. Veía muchas obras del National Theatre por internet. Me fascina no solo la calidad de sus producciones, sino la entrega de los actores y cómo rompen los moldes, como sus propuestas de Romeo y Julieta. Incluso me pasó con la compañía La Joven. Vi su obra Hey Boy, Hey Girl, que era una versión de Romeo y Julieta en formato reality show y supe que quería estar ahí. A los pocos meses tuve la suerte de entrar y trabajar con ellos. Me motiva el teatro que se atreve a gritar un mensaje, a señalar lo que no está bien y a hacer reflexionar al espectador.
He diseñado Murmuración no para lucirme, sino pensando en los alumnos, que si viene un representante o director de casting pueda ver todo su talento
P. Para alguien que nunca ha visto un proceso creativo desde dentro, ¿qué importancia tiene la sala de ensayo?
R. El ensayo es la oportunidad de oro para equivocarse, yo siempre digo que es el lugar para ser libres y para cagarla. El perfeccionismo es la muerte del actor: si vas tenso por querer hacerlo bien, te bloqueas. Al escenario hay que ir libre y atento, confiando en el trabajo previo. Si te olvidas de una frase o un compañero falla, hay que improvisar y ayudarse. En el arte, el error es una oportunidad de encontrar algo nuevo, algo que quizás surge porque te arriesgaste a hacer algo que no tenía sentido. Los ensayos son el lugar para ser libres, porque no hay público ni luces juzgándote. En esta sociedad se nos obliga a hacerlo todo bien a la primera y es una pena. Mi meta es que se acostumbren cuanto antes a que no pasa nada por fallar; de hecho, es ahí donde nace la vida en el teatro.


