Fernando Bonete es humanista, periodista, profesor y director del grado en Comunicación Estratégica, Protocolo y Organización de Eventos en la Universidad Nebrija, además de uno de los creadores de contenido literario más influyentes de España en Instagram (@en_bookle). Y si aún queda aliento, la lista se alarga más: también es escritor. Un perfil donde la estrategia, la narración y la comunicación se alimentan mutuamente, probablemente gracias a las pocas horas de sueño.
Pregunta. ¿Cuánto hay de estrategia dentro de tu labor como book influencer?
Respuesta. Buena parte de los contenidos están pensados, luego hay otros que no están planeados y que surgen. Estoy muy pendiente de las corrientes culturales, de lo que interesa a mi audiencia, de lo que hacen los otros creadores y también de cómo evoluciona el algoritmo para entender qué puede funcionar mejor. Al final en internet hay dos tipos de lectores: el lector humano y el lector máquina. Tienes que satisfacer a ambos y yo creo que la clave es la información, estar muy conectado con la actualidad.
P. Estrategia y narración parecen ir de la mano. ¿Cuán importante es una buena narración para que un evento salga adelante?
R. Es importantísimo y, de hecho, tanto es así que en el nuevo plan de estudios del grado las asignaturas pasan a llamarse Conceptualización y storytelling para eventos. El cambio de nombre no es solo cosmético, sino que responde a una realidad: un evento está dedicado a un concepto que refleja los objetivos de una marca o de una organización y no hay manera más natural de transmitir ese concepto que mediante una historia. Somos seres relacionales que se cuentan a sí mismos y que cuentan su historia a los demás.
P. ¿Cómo crees que ha evolucionado el ámbito de la comunicación?
R. Yo creo que estamos en un punto agridulce, en el que las posibilidades y los medios técnicos son muchos más avanzados respecto a todo lo que hemos vivido con anterioridad en la historia. Nunca se ha visto algo parecido y ese sería el punto agridulce: se echan en falta personas con el criterio suficiente para sacar provecho de esas posibilidades y de esos medios que se nos han ofrecido en nuestro tiempo. Quizá también tiene que ver con que todavía estamos en un periodo de transición en el que la parte técnica nos ha arrollado y ahora estamos volviendo a resituarnos para encontrar nuestro sitio.
La universidad tiene que enseñar tres cosas, da igual la carrera que estudies: saber escribir bien, saber hablar bien y tener buenas ideas
P. Como periodista que escribe una novela histórica como La hija del Fénix, ¿dónde encuentras el límite entre los hechos reales y la narración literaria?
R. Cada autor de novela histórica tendrá una visión distinta, pero yo he intentado encontrar un equilibrio entre la verdad y lo que, mezclado con la ficción, llamamos veracidad. Me gusta contar todo lo que sabemos que sucedió tal cual sucedió y todo aquello que no sabemos cómo sucedió, contarlo de una forma plausible. Quizás no podamos demostrar que ocurrió así, pero sí que pudo haber sucedido de esa manera, eso es lo que llamamos veracidad. Para mí, esa es la manera de contar las cosas en una novela histórica, respetar la historia hasta donde sabemos e inventar donde no sabemos, pero siempre guardando un cierto respeto por cómo podrían haber ocurrido las cosas.
P. La protagonista, Marcela, hija ilegítima de Lope de Vega, es una mujer del siglo XVI. ¿Cómo se construyen las emociones de una mujer de otro siglo siendo un escritor, hombre, del siglo XXI?
R. Reconociendo desde el principio que es imposible. Estoy segurísimo de que el 90% de los pensamientos y emociones que pongo en Marcela no son ni fueron reales. Lo primero es reconocerlo para permitirse la libertad de hipotetizar sobre cómo podría haber sido desde nuestra perspectiva, desde la perspectiva de una persona del siglo XXI, porque, al fin y al cabo, quienes van a leer la novela son personas del siglo XXI, no del siglo XVI. Por lo tanto, la novela tiene que sintonizar con las emociones de personas de nuestros días, dado que es imposible ponerse en la piel de, ya no solo de Marcela, sino de los personajes de aquel tiempo. Nunca sabremos si el escritor escribe mejor de aquello que conoce o, como decía Javier Cercas, escribe mejor de aquello que no conoce, porque puede permitirse toda la libertad para imaginar.

Hablando de lectores de nuestro siglo, ¿qué busca actualmente un lector?
Para mí el principio universal de lo que nos gusta leer es que se leen aquellos personajes e historias que logran conectar de verdad con los lectores. A pesar de que existen las artificialidades de la mercadotecnia, cuando un libro triunfa es porque conecta con los lectores. Si la gente no conecta con esa historia y con esos personajes, olvídate. Eso enlaza con las tendencias que estamos viendo en nuestros días, los lectores conectan con el género de la novela histórica, con el thriller, con el policíaco. La novela histórica permite aprender historia, pero de una manera entretenida, esa mezcla entre aprendizaje y disfrute que los clásicos llamaban “docere et delectare” (enseñar y deleitar, en latín). En el caso del thriller tiene que ver con la inmediatez de su escritura, es casi el reel de Instagram puesto en novela. Es una lectura que provoca emociones fuertes. El Dark Romance está pegando muy fuerte en el público joven, porque quizás no están teniendo ese contacto emocional en la realidad y lo encuentran en la literatura.
Ya hemos visto libros escritos con inteligencia artificial, ¿cuál podría ser el papel de la IA dentro del ámbito de la literatura?
Creo que puede haber tres posturas principales. La línea del negacionismo, de la crítica acérrima a la entrada de la inteligencia artificial en este mundo, los que Umberto Eco llamaba “los apocalípticos”; luego tendríamos los que Eco llamaba “los integrados”, que serían aquellos escritores que utilizan la inteligencia artificial para que escriba el texto por ellos. Y ojalá sea la minoritaria. La tercera vía, que está quizás en el punto intermedio, es dejar pasar a la inteligencia artificial al ámbito de la escritura como una herramienta más, que te ayude a corroborar datos históricos, manejar vocabulario antiguo, o lanzar desarrollos alternativos de la novela con los que contrastar tus propias ideas, como lo harías con otra persona.
En internet hay dos tipos de lectores: el lector humano y el lector máquina, y tienes que satisfacer a ambos
¿Qué significa para ti ser profesor en Nebrija?
La asignatura que imparto ahora, que es Escritura y argumentación, era mi asignatura deseada porque realmente creo que mi sitio natural está ahí: en la investigación, en la escritura y en la argumentación. Vas a clase pensando en que vas a poder transmitir algo que te apasiona a tus alumnos. Es un orgullo porque ves que eso, que esa pasión, se va transmitiendo, que de cómo empiezan el curso a cómo lo terminan hay un avance, que lo que les enseñas lo podrán aprovechar en el futuro. Al final, la universidad tiene que enseñar tres cosas, da igual la carrera que estudies: saber escribir bien, saber hablar bien y tener buenas ideas.


