Mi primer NIPHO, el día que dejé de ser alumna para ser periodista

Hoy tengo la certeza de que elegí el lugar correcto para formarme y acercarme cada día más a lo que quiero llegar a ser en unos años

Un alumno prepara su grabadora
Un alumno prepara su grabadora durante la jornada de trabajo de los Premios NIPHO | Foto: Zaida del Río
Nerea Rubia
Alumna del Grado en Periodismo
5 minutos de lectura

Una mañana soleada de febrero, me adentré en mi Facultad como cualquier otro día. Sabía que no iba a ser un día cualquiera, pero no me imaginaba que iba a vivir una de las experiencias más importantes de mi primer año en Periodismo. Se trataba de la XVII edición de NIPHO, un concurso periodístico de la Universidad Nebrija en el que, durante unas horas, la Facultad se convierte en un entorno profesional real. Aquello no era un simple concurso, sino una forma directa de acercarnos al trabajo diario de un periodista, rodeados de profesionales del sector que normalmente solo ves firmando piezas en sus medios.

El concurso se divide en cinco categorías: prensa escrita, fotografía, televisión, radio y prensa digital. Cada una de ellas contaba con profesionales del sector como jurado. Como alumna de primero, participé en Prensa Escrita y Fotografía, donde el jurado estaba formado por Chema Rodríguez, redactor jefe de 20 minutos, y Andrés Ballesteros, fotógrafo de la Agencia EFE. El jurado de las otras categorías estaba compuesto por Eva Tribiño, subdirectora de Informativos Telecinco, para la categoría de televisión; Víctor Olazábal, subdirector de Hora 25 de la Cadena SER (en la actualidad, subdirector de Hoy por Hoy), en la categoría de radio; y Borja Díez-Merry, redactor de RTVE Verifica, y Álex Herrera, director adjunto de 20 minutos, para la categoría de prensa digital.

El jurado nos reunió aquella mañana en el salón de actos para proponernos los temas sobre los que tendríamos que trabajar el resto de la jornada, como si de una mesa de redacción se tratase. Desde ese momento, empecé a pensar enfoques, posibles entrevistas y la manera de convertirlo en una historia periodística en pocas horas. En cuanto acabó la reunión, me fui directa a coger una cámara y, seguidamente, me subí a una de las aulas a ordenar ideas y concretar el enfoque que le iba a dar a mi reportaje.

Marta Perlado sostiene un micrófono en la jornada de NIPHO
La decana de la Facultad de Comunicación y Artes, Marta Perlado, da la bienvenida a los alumnos en el reparto de temas de los Premios NIPHO | Foto: Zaida del Río

Tras un rato pensando en cómo lo iba a hacer y las posibles fuentes que podían encajar, a eso de las doce, decidí salir a la calle. A partir de ahí todo fue bastante rápido: empecé a hablar con gente, a moverme de un sitio a otro y a hacer fotos mientras intentaba dar forma a lo que más tarde tendría que escribir. No siempre era fácil conseguir que las personas se parasen o encontrar justo lo que necesitaba, pero todo ello formaba parte del gran aprendizaje que obtuve ese día. La mañana fue avanzando entre entrevistas improvisadas, observación y fotografías que iba haciendo casi sin parar. Iba tomando notas rápidas entre conversación y conversación, intentando no perder detalles que después pudieran servirme.

Sobre las cuatro de la tarde volví a la universidad, donde empezaba la parte más intensa, pero a la vez la más divertida del día. Con todo el material recogido durante la mañana, había que redactar un reportaje, en una maqueta idéntica a la que se puede leer cada mañana en el periódico 20 minutos. Las clases estaban llenas de alumnos de distintas categorías, todos concentrados en sus ordenadores, repasando notas, editando vídeos y empezando a escribir.

Ya no había tiempo de salir a buscar nada, sino de centrarse completamente en escribir. El reto era transformar todo lo recogido en un reportaje claro, con sentido y bien estructurado. Mientras escribía, iba reorganizando todo lo que había anotado: frases sueltas, detalles de las entrevistas, ambientes… Todo tenía que encajar dentro de un mismo hilo y eso hacía que estuviera constantemente releyendo y ajustando lo que iba escribiendo. Ahí es cuando los profesores se pasaban por los ordenadores, revisando titulares, proponiendo cambios, ayudando a encajar mejor la información y a resolvernos cualquier tipo de duda.

El ambiente en la clase era de concentración absoluta y se había convertido ya en una redacción real de cualquier medio de comunicación. A medida que iba avanzando la tarde, los nervios eran cada vez mayores porque tenías que cerrar el reportaje dentro del tiempo marcado. Además, no solo era escribir, sino que tenías que tomar decisiones todo el rato. Qué frase se quedaba, cuál no, qué parte merece más explicación y cuál es mejor resumir para que el texto funcione mejor en conjunto.

El límite de entrega era a las ocho de la tarde, así que los últimos minutos fueron de revisión final. Volver a leer el reportaje entero por última vez, comprobar que todo estaba en orden y enviarlo. Cuando entregué el reportaje, sentí una mezcla de agotamiento y satisfacción. Habían sido varias horas en las que prácticamente no había parado, pasando por todo el proceso que supone realizar una pieza desde cero.

Días después llegarían las aulas abiertas, en las que los miembros del jurado de cada categoría vuelven a la universidad para ofrecer sus valoraciones. Pude escuchar las apreciaciones de Chema Rodríguez y Andrés Ballesteros, que comentaban tanto los aciertos como los errores de cada pieza. Fue interesante escuchar cómo analizaban titulares, enfoques y decisiones editoriales, explicando qué funcionaba mejor y qué se podía mejorar. Ese feedback me sirvió para entender con más claridad cómo se trabaja en un entorno profesional, más allá de la propia experiencia del día del concurso.

También vinieron para anunciar los finalistas que asistirían a una gala de premios en la que estarían rodeados de profesionales del sector como los miembros del jurado, y donde también tendrían la oportunidad de poder conversar con profesionales como María Casado,actual presentadora de Informativos Telecincooantiguos alumnos como Ángel Negro, editor del Telediario 2 de TVE. Además de ello, los ganadores del concurso obtendrían como premio la posibilidad de realizar prácticas en los medios de comunicación patrocinadores del concurso NIPHO.

Más allá del resultado, lo importante fue la sensación de pertenecer, aunque fuera por un día, al futuro profesional al que quiero dedicarme. Si tuviera que resumir la experiencia, diría que NIPHO no es solo un concurso, sino una inmersión de lo que significa esta profesión. Son precisamente estas experiencias las que marcan la diferencia en la etapa universitaria, ya que te acercan a la realidad laboral. Tras vivir esta experiencia, hoy tengo la certeza de que elegí el lugar correcto para formarme y acercarme cada día más a lo que quiero llegar a ser en unos años. 

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Alumna del Grado en Periodismo