Somos Eva Aguilera y Lorena Zorzo, estudiantes del cuarto curso de Artes Escénicas y miembros de ambos proyectos de la edición Nebrija Escena 2026: Doña Rosita, la nuestra de Alberto Basas y Murmuración de Jorge Yumar.
Este año, hemos tenido la oportunidad de formar parte de los dos montajes, de una forma muy concreta: como actrices y como ayudantes de dirección en prácticas. Esta doble perspectiva nos ha permitido trabajar con los que han sido nuestros compañeros, y también amigos, durante estos cuatro años de carrera, de manera distinta a cómo lo habíamos hecho hasta ahora. Hemos tenido que aprender a liderar el equipo con los cinco sentidos, desarrollando una comunicación diferente a la que, desde la naturalidad, mantenemos cuando somos parte del elenco. Una búsqueda de equilibrio entre la autoridad y responsabilidad que ahora tenemos, y el compañerismo y la ilusión de los que tampoco nos olvidamos. Tras cuatro años esperando cerrar este ciclo formativo de una manera tan especial, no dudamos en aprovechar la oportunidad de hacerlo a lo grande: delante y detrás del telón, y acompañando a quienes han estado a nuestro lado durante todo el recorrido. Directoras y actrices de vocación y profesión, estamos exprimiendo al máximo la experiencia de vivir una producción teatral desde dentro.
Murmuración y Doña Rosita, la nuestra comparten un estilo contemporáneo que busca concienciar al más variado público con dos montajes muy contrastados.
Vivir desde dentro Murmuración, nos hace más presentes como la generación que somos y más conscientes del mensaje de la obra. Trasladar temas como el impacto de las redes sociales o los límites que impone la presión social y convertir a un público activo en cómplice de lo que ocurre sobre el escenario, no es más que un reflejo de la sociedad que somos. Murmuración nos ha permitido acercarnos de forma sincera a situaciones cotidianas, que, como voces de esta historia, no hemos tenido otra opción que enfrentar. Es un mensaje directo y revolucionario que convierte tanto al elenco como al equipo artístico en un medio para despertar al que ignora, al que observa en silencio y no reacciona ante situaciones de acoso a las que, por fin, queremos dar nombre. Jorge Yumar, director y dramaturgo de la obra, es el eje central que, desde su más activa experiencia, está convirtiendo el proceso en una verdadera producción teatral, recordándonos en todo momento que ya no somos alumnos de interpretación, sino actores y actrices profesionales capaces de dar cuerpo y voz a una historia tan real como esta: esa generación que dice estar más conectada que nunca pero que realmente se siente muy sola.
Por otro lado, Doña Rosita, la nuestraes, como bien dice el nombre, un proceso que nos ha permitido ser mucho más nosotros que nunca. Se trata de una creación colectiva a partir de la clásica obra de Federico García Lorca Doña Rosita la soltera, que incluye un fragmento de cada miembro del elenco, en forma de versos, testimonios y palabras que nacieron en un proceso de construcción muy personal. En esta propuesta, el público también se convierte en la sociedad que debe escuchar y reflexionar, y lo hace a través de la voz de Lorca y de nuestras voces. Es el metateatro lo que nos permite romper la cuarta pared y la distancia temporal que nos separa de las mujeres de hace dos siglos. La memoria y el paso del tiempo, la libertad, la mujer y el hombre diverso y las relaciones de ahora y de entonces son los ejes temáticos de la creación contemporánea. Alberto Basas, director y dramaturgo de la obra, nos recuerda y demuestra en cada etapa del proceso cómo hacer un texto de Lorca supone conciencia histórica y delicadeza, pues sobre todo significa reivindicar nuestros derechos más elementales.
Durante el proceso que estamos viviendo, son muchos los aprendizajes que nos llevamos, las habilidades que estamos desarrollando y las experiencias que nos están enriqueciendo. La organización es la clave de todas las etapas: los ensayos, las reuniones, la construcción y creación, e incluso del trabajo individual de los actores. Cuando algo tan humano y orgánico como el estrés o las dificultades llegan al aula de trabajo, saber gestionar, desde el equipo y desde la individualidad, un ambiente de escucha y tranquilidad, es realmente la fuente de motivación para seguir construyendo un proyecto que trasciende nuestras cargas personales y nos invita a dejarlas atrás.
La oportunidad de estrenar en los Teatros Luchana hace que el trabajo de estos meses no se trate simplemente de construir la obra que cierra una etapa académica, sino de lanzar un producto profesional que nos abre las puertas de un futuro prometedor
La dinámica de los ensayos partió del acercamiento a las dos propuestas teatrales. Tras adentrarnos en sus tramas y personajes, comenzamos los respectivos procesos de construcción de personajes y de vínculo con el elenco. Y no fue hasta después de poner en pie algunas lecturas dramatizadas, cuando el montaje empezó a cobrar vida. Convivir con la realidad de la comunicación entre departamentos está siendo todo un descubrimiento. Desde producción y dirección, hemos aprendido a delegar los aspectos más creativos en los distintos departamentos: escenografía, vestuario, caracterización, iluminación y sonido. Además, como intérpretes tras cuatro años de formación, sin duda, el mayor reto ha sido precisamente ese: aprender a delegar y centrarnos en nuestro verdadero cometido, la interpretación. Con una constante ansia de participar en todos los aspectos de la creación escénica y en las numerosas disciplinas que hemos ido aprendiendo, ha sido la práctica semana tras semana lo que nos ha ayudado a poner el foco sobre nuestro verdadero objetivo: dar el máximo sobre el escenario, dejándonos dirigir y adaptándonos a las situaciones.
Eva Aguilera y Lorena Zorzo son estudiantes de último curso del Grado en Artes Escénicas, alumnas ayudantes de dirección en la edición 2026 de Nebrija Escena










